Creí que podía llevar un blog al mismo tiempo que trabajaba en el colegio, pero era mentira. La carga de trabajo en casa me ganó y ahora me toca pedir disculpas. Me las pedí en el espejo, y ahora a ustedes. Lección aprendida. Pero bueno, ya no trabajo en el colegio, así que soy toda nuestra.
El Vecino – Servicios varios.
Marisela estaba pasando por un mal día y solo eran las 3 y algo de la tarde. En el fondo ella sabia que su afán por hacer las cosas bien la había vuelto impaciente y nerviosa… al menos tenia tiempo para su lectura –nunca faltaba un libro en su bolso-.
Vino la recepcionista con el café –instantáneo- y le pidió excusas en nombre del jefe, mientras disimuladamente echaba una hojeada al libro y se sentaba en el borde de la poltrona donde había ubicado a Marisela a su llegada.
La mujer era joven y regordeta, con rizos en perfecto desorden que hacían pensar en mucho tiempo frente al espejo buscando parecerse a la foto arrancada de revista de modas con el titulo “Look Elegante y Casual”. Sus ojos brillaban absorbiéndolo todo y su cuerpo se movía de cierta manera al paso de sus colegas, como queriendo proteger a Marisela de unos, e invitarla a relacionarse con otros, sin necesidad de mirarlos, sino con solo sentir sus presencias. Por alguna razón ilógica le recordaba a Momo, la del cuento de Michael Ende.
-¿Es un libro de autosuperación? Pregunto muy intrigada la recepcionista
-No, pero siempre es bueno estar preparado, sobretodo con esta crisis. Es una novela policiaca, ve “Sin tregua”.
-Ah, ya. Es que me confundió el titulo.- y sin darle tiempo a Marisela, cambio de tema- Imagínate que mi vecino esta como loco porque le cerraron la empresa donde trabajaba y como ya tiene mas de 60 anos, no lo quieren contratar en ningún lado.
Marisela la miro muy fijamente buscando una señal que le explicara que se esperaba de ella, pero como no la encontró, solo supo decir -¿Y como esta haciendo, entonces? ¿Cuantos trabajan en su casa?
No se le había pasado por alto el repentino tuteo, pero decidió que no tenía sentido mantener la distancia protocolaria con alguien que le recordara unos de los libros más interesantes de su infancia. Lo pasaría en homenaje a Momo.
-Ellos son dos. La esposa, que esta trabajando de nana, y él. Ella en realidad es diseñadora de interiores, pero con lo de la crisis la gente como que ya no necesita poner las cosas bonitas y entonces ya no le sale trabajo. Por eso se puso de nana y como que le va bien, porque no se quejan.
-¿Y el señor?
-El paso unas hojitas por todas las casas de la cuadra y ofreció un montón de servicios y con eso se esta defendiendo.-Contaba la recepcionista mientras volvía a voltear los hombros para tapar a Marisela de los ojos del empleado del piso de abajo que siempre subía a esta hora a traer las noticias del día, en un periódico secuestrado a primera hora de la mañana.
-Pero ¿servicios de que? Ahora había que preguntarlo, porque era ya intrigante y además estaba claro que no le estaban pidiendo ayuda para conseguirle trabajo al pobre vecino.
-De todo, no te digo que esta como loco. Se ofreció como sacador de basura, como movedor de cajas, peleador en bancos y entidades que manden facturas inentendibles, cocinero a domicilio en eventos familiares, a hospedar huéspedes indeseados pero inevitables, repartidos de encargos y árbitro de discusiones domesticas, siempre que no involucren nada de alcoba. –La cara de “Momo” mostraba orgullo y afecto por el vecino, como queriendo añadir que lo conocía de toda la vida y era ya un amigo de la familia.