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viernes, 15 de julio de 2011

EL vecino, servicios varios.

Creí que podía llevar un blog al mismo tiempo que trabajaba en el colegio, pero era mentira. La carga de trabajo en casa me ganó y ahora me toca pedir disculpas. Me las pedí en el espejo, y ahora a ustedes. Lección aprendida. Pero bueno, ya no trabajo en el colegio, así que soy toda nuestra.


El Vecino – Servicios varios.

Marisela estaba pasando por un mal día y solo eran las 3 y algo de la tarde. En el fondo ella sabia que su afán por hacer las cosas bien la había vuelto impaciente y nerviosa… al menos tenia tiempo para su lectura –nunca faltaba un libro en su bolso-.
Vino la recepcionista con el café –instantáneo- y le pidió excusas en nombre del jefe, mientras disimuladamente echaba una hojeada al libro y se sentaba en el borde de la poltrona donde había ubicado a Marisela a su llegada.
La mujer era joven y regordeta, con rizos en perfecto desorden que hacían pensar en mucho tiempo frente al espejo buscando parecerse a la foto arrancada de revista de modas con el titulo “Look Elegante y Casual”.  Sus ojos brillaban absorbiéndolo todo y su cuerpo se movía de cierta manera al paso de sus colegas, como queriendo proteger a Marisela de unos, e invitarla a relacionarse con otros, sin necesidad de mirarlos, sino con solo sentir sus presencias. Por alguna razón ilógica le recordaba  a Momo, la del cuento de Michael Ende.

-¿Es un libro de autosuperación? Pregunto muy intrigada la recepcionista
-No, pero siempre es bueno estar preparado, sobretodo con esta crisis. Es una novela policiaca, ve “Sin tregua”.
-Ah, ya. Es que me confundió el titulo.- y sin darle tiempo a Marisela, cambio de tema- Imagínate que mi vecino esta como loco porque le cerraron la empresa donde trabajaba y como ya tiene mas de 60 anos, no lo quieren contratar en ningún lado.
Marisela la miro muy fijamente buscando una señal que le explicara que se esperaba de ella, pero como no la encontró, solo supo decir -¿Y como esta haciendo, entonces? ¿Cuantos trabajan en su casa?
No se le había pasado por alto el repentino tuteo, pero decidió que no tenía sentido mantener la distancia protocolaria con alguien que le recordara unos de los libros más interesantes de su infancia. Lo pasaría en homenaje a Momo.
-Ellos son dos. La esposa, que esta trabajando de nana, y él. Ella en realidad es diseñadora de interiores, pero con lo de la crisis la gente como que ya no necesita poner las cosas bonitas y entonces ya no le sale trabajo. Por eso se puso de nana y como que le va bien, porque no se quejan.
-¿Y el señor?
-El paso unas hojitas por todas las casas de la cuadra y ofreció un montón de servicios y con eso se esta defendiendo.-Contaba la recepcionista mientras volvía a voltear los hombros para tapar a Marisela de los ojos del empleado del piso de abajo que siempre subía a esta hora a traer las noticias del día, en un periódico secuestrado a primera hora de la mañana.
-Pero ¿servicios de que? Ahora había que preguntarlo, porque era ya intrigante y además estaba claro que no le estaban pidiendo ayuda para conseguirle trabajo al pobre vecino.
-De todo, no te digo que esta como loco. Se ofreció como sacador de basura, como movedor de cajas, peleador en bancos y entidades que manden facturas inentendibles, cocinero a domicilio en eventos familiares, a hospedar huéspedes indeseados pero inevitables, repartidos de encargos y árbitro de discusiones domesticas, siempre que no involucren nada de alcoba. –La cara de “Momo” mostraba orgullo y afecto por el vecino, como queriendo añadir que lo conocía de toda la vida y era ya un amigo de la familia.




-¿Y si hay quien lo tome en serio?

-Ufff..., mucha gente y ahora le pagan por hacer cosas que no estaban en la lista. Primero lo contrataron para cocinar, porque como los vecinos ya habían probado su comida cuando hacia fiestas o donaba a los bazares de la iglesia, entonces eso era lo más fácil.  Preparo el banquete para la celebración de los 20 años de la iglesia misma, y luego lo llevaron a cocinar donde la suegra del tendero y le pagaron todo en efectivo para que no se dijera que el tendero estaba evadiendo impuestos. De esa fiesta le salieron otros trabajos. En mi casa le pagan para que saque la basura, porque a mi papa le duele mucho la espalda y a mi mama y a mí siempre se nos olvida. – se interrumpió para atender el teléfono con la promesa de volver a continuar la historia y al volver nuncio que el jefe todavía necesitaba otros 10 minutos antes de llegar, pero le mandaba a ofrecer disculpas y otro cafecito.

-Entonces le decía, el hermano lo contrató para que lleve  al padre a tomar café una vez a la semana, porque al hermano mismo le están tratando una ulcera estomacal terrible por estrés del trabajo, que por supuesto se le ha doblado desde que en su empresa empezaron los recortes de personal, y él es el jefe de personal. Entonces no puede tomar café, pero no se aguanta las ganas y por eso no puede llevar al padre.
-Increíble -Marisela ya no sabia si reírse o interrumpirla para pedirle que le jurara que todo era cierto, pero prefirió esperar para ambas cosas y comento “ese señor trabaja mas que cualquiera que yo conozca.”
-Eso no es nada. El martes pasado lo ví  revisando los buzones del edificio de la esquina de nuestra cuadra, y como yo se que el es muy correcto y respetuoso, pues me sorprendí. Tanto que fui a preguntarle que hacia y me explico que hace como un mes se sentó a hablar con la administradora del edificio de la nueva normativa de reciclaje de la junta vecinal y terminaron con una idea como buena. Empezaron por hacer una lista de los diferentes tipos de correspondencia que llegaba y la que los habitantes del sitio desechaban. Para eso se puso a revisar los cubos de reciclaje de papel por una semana. Entonces le pasaron una copia de la lista a cada apartamento y la gente marco lo que si le interesaba conservar y lo que no. Ahora el señor les deja en el buzón de cada apartamento solo lo que les interesa, y si hay algo que no estaba en la lista, les pone una notita y al que le interese lo puede dejar “pedido” de la misma manera. El edificio le paga 5 pesos a la semana por el trabajito y lo que sobra se lo puede llevar los sábados para su nuevo negocio de acopio de papel reciclable. Claro que luego va la esposa una vez al mes a vender el papel porque el señor se empeña en guardarlo en el cuarto de huéspedes y a ella le preocupa que no este libre cuando lo necesiten.
A todas estas ya sonaba el teléfono y ella le pedía el favor a la persona que estuviera mas cerca que le ayudara con la llamada, porque, según decía, el jefe le había pedido que atendiera a la señora Marisela mientras el llegaba.
Marisela estaba fascinada con la historia, y ya ni se acordaba de que le habían incumplido la cita después de cambiarla por teléfono esa misma mañana por solicitud del cliente.

Continuará.

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